martes, octubre 16, 2012

Tengo café en casa


Había una vez un perro
llegó otro, y habían dos.





YunHo bajó la rendija con un suspiro en la boca incapaz de liberarse.

Era ya fin de semana.

Y los chicos de su edad comenzaban a salir de sus casas, ataviados en ropas caras o al menos decentes, listos para alguna fiesta loca, más que dispuesto a terminar en la cama con algún desconocido o perder el conocimiento debido al alcohol.

YunHo en su lugar, se dispuso a desdoblar la chaqueta de su padre con sumo cuidado, sin arrugarla demasiado, ni ser brusco.

Era lo único que le había dejado, sin querer. Después de todo.

Porque probablemente su padre había olvidado aquella prenda en la noche en que su prisa por irse era más fuerte que su lealtad a la mujer que alguna vez amó y a los hijos que concibió con esta.

O puede ser también, que el trozo quemado en una de las mangas lo hizo desistir de llevársela.

YunHo no lo sabía, el apenas tenía tres años cuando aquello ocurrió.

Se colocó la chaqueta de gamuza verde sobre los hombros, todavía a sus diecisiete años le quedaba horrorosamente grande.

La prenda cubría todo su delgado cuerpo, la cintura pequeña y las caderas notables, parte de los muslos rígidos. YunHo era más delgado de lo que un chico de su edad y estatura debería ser. Pero eso no se debía a que no pudiera alimentarse correctamente, todo lo contrario, YunHo se sentía mal por no poder rezar a diario para agradecer el tener alimentos semicalientes todos los días en la mesa.

Pero aunque no se tratará de eso, soportar lo demás era demasiado.

Estar preocupado, por si es que mamá de verdad cumple su palabra y no toma alcohol, si es que su hermana está bien trabajando en casas ajenas por sí misma, si es que alguien la molesta o si sus jefes no la tratan dignamente.

‘¿Todo bien JiHye?, ¿te hablan de forma respetuosa?, ¿te tratan cómo un igual?’

A pesar de no saber lo que haría si la suerte de JiHye no fuera tan buena cómo lo es y de verdad tuviera que trabajar soportando a personas desagradables.

Por todas esas cosas YunHo tenía que preocuparse.

Sin darse cuenta terminó empujándose a sí mismo hasta el escalón menos importante de sus prioridades.

Un escalofrío le escoció el cuerpo.

Su jefe le sonrió cuando él se despidió y salió por la puerta trasera sin hacer ruido.

El hombre mayor dueño de la tienda y quien lo había aceptado en su local a pesar de ir a pedir trabajo años atrás siendo sólo un chiquillo, era demasiado amable para pedirle con su propia boca que no saliera por la puerta delantera.

YunHo siempre sonreía mientras atravesaba el sucio marco de madera.

Él ya estaba acostumbrado a ser alguien que las demás personas no querían ver.

Porque si esas personas lo veían, se sentirían tristes, y no podrían degustar sus platillos caros y no tan deliciosos cómodamente, los cuales costaban más del sueldo de diez días de YunHo.

Si. Él debía ser considerado con esas personas, con esas personas que tenían padre y madre, hijos y pareja seguramente, que tenían un techo propio y alguien que limpiaba sus casas a cambio de una miseria.

Si. Él debía ser muy considerado.





Las botas negras de YunHo fueron llenándose de esa nieve con tinta sucia y negra.

Su instinto de lacayo, adquirido de mala manera a través de los años, le hizo querer lamer toda esa nieve impura, manchada por la mugre, para que aquellos zapatos de charol caros y botas de lana no fueran a pisar tal atrocidad.

Tuvo el deseo de limpiar la nieve para un montón de desconocidos engreídos y falsos. 

No para sí mismo.





JunSu entró en su campo visual poco a poco.

Estaba sentado sobre el respaldo de una banca de metal, tenía las manos en las bolsas de su delgada chaqueta de piel sintética de mala calidad y un cigarro yacía entre sus labios.

YunHo llegó hasta él, jaló el cigarro por la colilla y lo tiró al suelo.
JunSu reaccionó dando un brutal grito de molestia.

— ¡Eh!, ¿tienes idea de cuanto me costó? —chilló, empujando a YunHo cincuenta centímetros lejos de él.

—No, pero sé que pudiste haber comprado más comida en lugar de eso—YunHo respondió simplemente, tomando asiento en la banca, JunSu bajó de un salto del respaldo y se sentó a su lado.

—Basta con eso. Sabes que en mi casa cada quien ve por sí mismo.

YunHo dejó volar su mirada por sobre la bonita cara de JunSu.

Cualquiera que supiera que para él JunSu era hermoso, le diría que estaba ciego.

JunSu alguna vez fue hermoso.

Ahora, en lugar de toda aquella hermosura cristalina y fresca, una gran y regordeta cicatriz le atravesaba la cara, desde la ceja izquierda hasta el mentón. Producto de una pelea callejera dos-uno seis años atrás.

Debido a que en la casa de JunSu cada quien velaba por sí mismo, nadie había acudido a ayudarlo. Ni siquiera su mellizo, JunHo.

YunHo sentía su pecho caliente cada que recordaba a JunHo alzando sus hombros cuando él preguntó por JunSu, un día que habían quedado de verse y el menor no apareció.

El día que JunSu obtuvo esa cicatriz.

— ¿Por qué debería saberlo?, ni siquiera me importa. Piérdete de una vez.

Mas incluso por quererlo tanto, YunHo se había mantenido al lado de JunSu, aguantándole todo, soportándolo, cuidándolo, porque JunSu no tenía a nadie más que a él.

JunSu no amaba a nadie más que a él.

Y él tenía que hacerse responsable por eso.

—Tengo café en casa—dijo—y fuego para calentarlo.

JunSu sonrió de aquella  forma brillante.

De esa forma que hacía su gran cicatriz invisible y su sonrisa demasiado grande.

—Está bien.

3 comentarios:

  1. hsahjfhjadgfajdhghadgka♥
    Fue tan *wwwwwwwwwwwww*
    Muy hermoso *-----------*♥
    Gracias por escribir *wwwwwwwwwww*
    ♥~~~~

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  2. adsads .. FueTierno .. T^T .. Yunnie Cuida Siempre a Junsu 3: si -depress- Dx

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  3. Me la volvi a leer xD ..
    Me encanto n serio .. junsu el solitario que a la unica persona que tiene es yunho .. Y Yunnie todo tierno .. siempre cuidando a sus dongsaens .. T^T .. me encanto

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